Siempre me ha dado un poquito de mal rollo el que en una escuela pública de un país no confesional hubiera un crucifijo presidiendo el aula. También me da mal rollo que la asignatura de religión católica se imparta en horario escolar y en centros, de nuevo, públicos y cuya alternativa sea “llévatelos a la biblioteca y que lean unos tebeos”. Al menos así era cuando yo iba al colegio. Aunque he de reconocer que gracias a esa hora alternativa conocí los tebeos de Mortadelo y Filemón, y empezó mi afición a la lectura.
Siempre he pensado que la religión es algo que pertenece estrictamente a la esfera íntima y personal del individuo, sin que tenga que imponerse por “razones históricas” o porque sea practicada por “la inmensa mayoría de españoles” -lo cual encima es una mentira-. Que en la escuela pagada por todos los españoles -así como por todos los que viven en España- existan símbolos que vayan más allá de lo estrictamente personal es una falta de respeto a las libertades individuales. No porque sea un ataque, sino porque se otorga un carácter de supremacía a algo que no lo tiene bajo ningún concepto. Se otorga carácter representativo -del espíritu de España o de Europa, como oímos estos días- a algo personal; es como si el día de mañana el pastafarismo se convirtiese en religión mayoritaria en España y pusiésemos una imagen del Gran Spaghetti en cada aula.
La religión, como la educación en valores; pertenece al más estricto ámbito de educación familiar y personal. Pertenece a los ámbitos privados. La escuela pública -y aquella financiada con dinero público- debe cumplir una función de enriquecimiento cultural, de capacidad científica y de pensamiento crítico; las religiones, como la Historia, deben ser estudiadas desde un punto de vista aséptico y positivo. El adoctrinamiento ideológico en la escuela, sea para con la democracia, el fascismo o el comunismo no debe existir bajo ningún concepto.
Resulta muy burdo intentar introducir como algo normal y simbólico en este país el crucifijo, del mismo modo que se hace en países musulmanes con la media luna o en EEUU con el “In God we trust”. Todo ello son remanentes de una más o menos completa secularización que comenzó en Europa hace tres siglos y que comenzará en los países musulmanes en este mismo siglo con su desarrollo económico.
En definitiva, ¿qué sentido tiene el adoctrinamiento ideológico/religioso/moral en la escuela? ¿Por qué el Estado arrebata a los padres la capacidad de decidir íntegramente sobre la educación de sus hijos? Creo no llegar al extremo del ‘self-education’ estadounidense -un fenómeno en auge, por cierto- pero sí que debería movilizarse la blogosfera contra una nueva invasión de las libertades que puede suponer la introducción indiscriminada de simbolismo religioso-ideológico en nuestras escuelas. Al fin y al cabo y, como dice Roger Senserrich, la velocidad de información en la Red es demasiado elevada como para acotarla. ¿No son más importantes las libertades ideológicas y religiosas que tantos siglos nos ha costado defender que el que te puedan cerrar un blog y al día siguiente abrir otro con exactamente la misma información?
Sin embargo, esta ley puede afectar también a escuelas que no son públicas:
http://libertaddigital.com/sociedad/el-psoe-dice-que-el-gobierno-decidira-en-que-colegios-se-retiraran-los-crucifijos-1276378025/
La aberración es que exista la escuela público, donde la enseñanza de los niños está sujeta a la ley de turno: o tienes adoctrinamiento religioso, como tú mencionas, o adoctrinamiento estatista, como en el caso de EpC. La solución pasa por dar un cheque a los padres que estos puedan gastar en la escuela privada que quieran. Es un sistema más barato para el contribuyente y que, como todas las experiencias han demostrado, mejorar la cantidad y calidad de educación de los niños.
Adoctrinar es algo que se puede hacer también en clase de ciencia, historia o filosofía, porque el saber no es neutral.
¿En qué sentido se adoctrina a partir de la ciencia? Si hay algo que caracteriza a la ciencia es el criterio de verificabilidad de Popper; si algo no es verificable no es ciencia. Algo que escapa a ese criterio de verificabilidad no es científico y por tanto entra dentro del terreno moral, social, ideológico.
La ciencia puede conducirse por unos derroteros u otros; pero si no se puede verificar algo; no puede ser calificado de ciencia.