El magnífico mundo del Derecho

Este puente no he escrito demasiado y además estoy absorbido por el maravilloso mundo del Derecho y el positivismo. Kelsen, Hart, Bobbio, Austin…demasiados nombres. No obstante, entre libros, siestas y alguna resaca me han surgido algunas ideas.

1) El IPCC -o algunos de sus científicos- manipulan resultados académicos para que sean más catastróficos. No es nada nuevo, ‘Una mirada fría al calentamiento global’, de Nigel Lawson desmonta varios de los mitos de los furibundos talibanes del calentamiento global. Está editado por la FAES, pero no está mal su lectura. Libro ameno y sin mucha palabrería científica o económica. Probablemente estés de acuerdo con él al 70%.

2) Granada prohibirá la prostitución callejerá y eso enriquecerá al mayor putero de la ciudad. ¿No sería más adecuado legalizar la prostitución y asumir que es un trabajo?

3) ¿Hasta qué punto tenía razón Friedman? ¿Por qué sus enseñanzas han sido tan duramente atacadas desde tantos puntos de la economía? ¿Acaso es mejor Keynes o el intrincado método austríaco? (Sólo apto para frikis de la economía)

4) Delibes mola. ‘La sombra del ciprés es alargada’ es un libro obsesivo, de tortura y de autocompasión. Ideal para una introspección matutina y otra nocturna, antes de irnos a dormir.

¿Crucifijos en las aulas?

Siempre me ha dado un poquito de mal rollo el que en una escuela pública de un país no confesional hubiera un crucifijo presidiendo el aula. También me da mal rollo que la asignatura de religión católica se imparta en horario escolar y en centros, de nuevo, públicos y cuya alternativa sea “llévatelos a la biblioteca y que lean unos tebeos”. Al menos así era cuando yo iba al colegio. Aunque he de reconocer que gracias a esa hora alternativa conocí los tebeos de Mortadelo y Filemón, y empezó mi afición a la lectura.

Siempre he pensado que la religión es algo que pertenece estrictamente a la esfera íntima y personal del individuo, sin que tenga que imponerse por “razones históricas” o porque sea practicada por “la inmensa mayoría de españoles” -lo cual encima es una mentira-. Que en la escuela pagada por todos los españoles -así como por todos los que viven en España- existan símbolos que vayan más allá de lo estrictamente personal es una falta de respeto a las libertades individuales. No porque sea un ataque, sino porque se otorga un carácter de supremacía a algo que no lo tiene bajo ningún concepto. Se otorga carácter representativo -del espíritu de España o de Europa, como oímos estos días- a algo personal; es como si el día de mañana el pastafarismo se convirtiese en religión mayoritaria en España y pusiésemos una imagen del Gran Spaghetti en cada aula.

La religión, como la educación en valores; pertenece al más estricto ámbito de educación familiar y personal. Pertenece a los ámbitos privados. La escuela pública -y aquella financiada con dinero público- debe cumplir una función de enriquecimiento cultural, de capacidad científica y de pensamiento crítico; las religiones, como la Historia, deben ser estudiadas desde un punto de vista aséptico y positivo. El adoctrinamiento ideológico en la escuela, sea para con la democracia, el fascismo o el comunismo no debe existir bajo ningún concepto.

Resulta muy burdo intentar introducir como algo normal y simbólico en este país el crucifijo, del mismo modo que se hace en países musulmanes con la media luna o en EEUU con el “In God we trust”. Todo ello son remanentes de una más o menos completa secularización que comenzó en Europa hace tres siglos y que comenzará en los países musulmanes en este mismo siglo con su desarrollo económico.

En definitiva, ¿qué sentido tiene el adoctrinamiento ideológico/religioso/moral en la escuela? ¿Por qué el Estado arrebata a los padres la capacidad de decidir íntegramente sobre la educación de sus hijos? Creo no llegar al extremo del ‘self-education’ estadounidense -un fenómeno en auge, por cierto- pero sí que debería movilizarse la blogosfera contra una nueva invasión de las libertades que puede suponer la introducción indiscriminada de simbolismo religioso-ideológico en nuestras escuelas. Al fin y al cabo y, como dice Roger Senserrich, la velocidad de información en la Red es demasiado elevada como para acotarla. ¿No son más importantes las libertades ideológicas y religiosas que tantos siglos nos ha costado defender que el que te puedan cerrar un blog y al día siguiente abrir otro con exactamente la misma información?

De países y patrioterismos de hojalata

El otro día en “Una nueva forma de hacer política” hablaban de la futilidad de las banderas desde un punto de vista ciertamente peculiar. La idea de la politización de las banderas es un hecho interesante, sobre todo las consecuencias a lo que ello nos ha llevado. La conclusión de que somos un “país de países” vicia un post tan bonito. Es decir, desde ese instante queda implícita la apariencia “opresora” de la rojigualda y el carácter “libertador” de enseñas como la ‘ikurriña’ o la ‘senyera’. Al fin y al cabo, la conclusión implica reconocer las pretensiones de los nacionalismos españoles de fracturar la unidad que los propios españoles se han dado en referéndum.

Sacralizar dicha unión me parece impropio, como impropio me parecen los nacionalismos periféricos tan imbuidos de romanticismo alemán y una retórica ciertamente inquietante. El rancio patrioterismo anquilosado en la derecha más extrema española y que viene de períodos pasados no me parece demasiado representativo, como tampoco me lo parece la retórica independentista y de confrontación que rezuman los movimientos que aspiran a hacer de este país, un “país de países”.

¿Qué nos pasa en España para mirar siempre al pasado y a enzarzarnos en discusiones medievalistas? Tenemos un reto en el medio plazo muy distinto de las discusiones forales españolas: la integración europea. Cuando disponemos de una integración a nivel continental en un plazo de tiempo tan cercano, hablar de derechos medievales o humillaciones dieciochescas me parece como discutir acerca de si mañana lloverá o no. Algo intrascendente.

Los patriotas, los espadones militares y políticos son sólo como ese gramófono de Delibes al que muchedumbres carentes de pasión echan monedas para escuchar frases rimbombantes, que parece que pidan mármol. Son los modernos flautistas de Hamelín que embaucan a todo un pueblo carente de espíritu como es el nuestro y al que tapan los ojos para no ver lo bonito que nos espera, poder crear un sentimiento de unión desde el círculo polar ártico hasta las Islas Canarias. ¿Quién sabe si un día podamos aspirar a ser un único país, un único planeta?

¡Hola mundo!

¿Por qué el claustro? Bueno, me habría gustado más El Ateneo o El Foro; pero están tan usados…Al fin y al cabo los claustros fueron durante siglos los únicos lugares donde se hablaba de temas tan variados como filosofía, literatura o incluso ciencia. Aquí también. Probablemente hable demasiado de política, de economía o de cosas tan banales como el día a día del que escribe. Pero, ¿por qué no reflexiones de filosofía, la crítica literaria de ese libro que a lo mejor todos hemos leído y sobre el cual queremos hablar un rato?

No sólo eso. También vivencias universitarias -no, las farras no; sino el día a día de la Universidad Carlos III de Madrid en ese campus aparte que es el de Getafe- y temas que puedan interesar a todos esos jóvenes que están hartos de la blogosfera española: en su 80%, gente militante de partidos, talibanes ideológicos. Blogs señoriales con censura.

No sabría qué más decir. ¿Quizás presentarme? Me llaman por mi apellido, Soria; estudio el doble grado de Derecho y Ciencias Políticas en Getafe, Universidad Carlos III de Madrid y soy muy muy caótico para los cánones que rigen hoy nuestra sociedad. ¿Qué me gustaría hacer? Política, claro; pero, ¿tiene cabida en nuestro sistema político alguien que vaya contra el ‘mainstream’?

En definitiva: un blog personal. Espero veros pasear por este peculiar claustro muy a menudo.